PATRICIA

PATRICIA
El misterio del pastor solitario

- Las carretillas están preparadas.
- Sí. Ya estamos todos, vámonos, que se nos va a hacer de noche.
Los habitantes se han reunido en la plaza del pueblo, como todos los años, para hacer la recogida de leña. Todos van a ayudar. Todos menos Julián, un pastor de ovejas viejo y solitario.
Abandonan el pequeño pueblo de casas de piedra y barro con tejados rojos y se adentran en los caminos del bosque.

Es otoño, y ya empieza a hacer algo de frío, por eso aprovechan la leña para encender fuego y calentarse. No hay ningún médico ni maestro con ellos, no lo hay en todo el pueblo. Los niños  aprenden todo lo que sus padres pueden enseñarles y pronto empiezan a ayudar en las tareas del campo.

Después de varias horas de trabajo cortando y cargando leña, todos están metiendo las carretillas en el remolque de los tractores para volver a casa. Desde donde están pueden ver el valle donde se encuentra el pueblo. De repente, se oye un ruido muy fuerte. Parece un tiro de pistola. Todos están muy asustados.
- ¿Qué ha sido eso?-preguntan algunos, sorprendidos.
- Será un atraco. Ha aprovechado que estamos todos fuera.
- Pero entonces no usaría pistola.
- Creo que viene de la casa de Julián.- dicen otros.
- ¡Yo no he oído nada!-dicen los más despistados y algunos ancianos que están un
   Poco sordos.
- ¿De la casa del pastor?- exclaman los más listos.- Si ese señor no tiene nada.
  ¿Quién iba a querer robarle?
- Tampoco creo que tenga ningún enemigo.
- No os asustéis.- dice finalmente el alcalde Francisco para tranquilizarlos.- Habrá sido
  Un globo que ha explotado, y claro, con este silencio... O un golpe de viento que ha
  Cascado una rama...

Nadie se fía mucho de los argumentos del alcalde, pero empiezan a tranquilizarse. Justo entonces, vuelve a oírse. La locura se desata. Ahora todos lo han oído con claridad. Nadie puede negar que acaba de sonar un segundo disparo. Gritan, gesticulan sin parar. Corren.
Pero un sabio viejo habla por encima de todos y decide que monten en los remolques de los tractores y vayan hasta la casa de Julián. Con miedo de encontrarse indefensos ante el peligro desconocido, uno de los jóvenes más rápidos sale corriendo hacia el cuartel de la guardia civil para dar el aviso.

Van lo más rápido que pueden, sin embargo, cuando llegan a la cabaña, todo está rodeado por cinta de la guardia civil, y la puerta está abierta. Han llegado antes que  ellos. Algunos, tranquilizados de ver a la policía, se van a sus casas, y allí solo queda un grupo de vecinos.

***
Es de noche ya. El detective Ramírez ha recibido una llamada de la policía avisándole de un caso muy interesante. Por eso ahora se encuentra observando el escenario de la secuencia. Con él hay bastantes agentes de la guardia civil recogiendo pruebas.
Como cabía esperar, el pastor Julián no está en el domicilio, ni él ni su cadáver, en el caso de que hubiese  muerto. Todo está revuelto: hay todo tipo de objetos tirados por el suelo: ropa, cojines, botellas de alcohol vacías... También hay sangre, la cual se ha confirmado que es de Julián, y un agujero de bala en la pared.
Ramírez se fija en un papel que hay en el suelo, en él hay números y letras combinados. 43.563N 5.343E/103799. Lo recoge.
Todos siguen trabajando hasta que son casi las doce. Los agentes se van marchando para investigar en sus oficinas, y el detective Ramírez promete volver al día siguiente.

***

Mientras tanto, en el pueblo, más concretamente detrás de la iglesia, se oyen susurros. Alguien ha organizado una reunión privada: se tratan de Miguel, Eva y Sara. Tienen diecisiete años, y, aunque se suelen reunir en ese mismo lugar, esta vez tienen algo especial de lo que hablar.
- Yo creo que pasa algo raro con el pastor. Llegó al pueblo de repente, nunca hablaba
  Con nadie... Y ahora esto.-dice Miguel.
Siempre ha sido algo exagerado, peliculero. Le gusta mucho leer novelas de misterio, pero es un chaval majo. Físicamente es moreno y alto. Lleva mohicana, y tiene los ojos marrones. Trabaja ayudando a sus padres en la panadería.
- Sí. Creo que ninguno se queda tranquilo sin hacer nada.- dice Eva.
Eva es una chica de estatura normal, pelo negro y ojos marrones. Tiene muchas pecas en la cara, que se suele tapar con maquillaje. Es muy simpática, se preocupa mucho por los demás, y valiente. Habla muy bien. Trabaja como secretaria de su padre, que es albañil.

Los  tres chicos siguen hablando. Entonces, Sara tiene una idea. 
- ¿Y si vamos a vigilar la cabaña por si pasa algo raro esta noche? Nos escondemos al lado de la casa de Julián.
Sara es la más tímida de los tres. Es baja y tiene el pelo marrón rizado. Tiene los ojos verdes, y unas mejillas que se ponen coloradas con facilidad. Trabaja en el campo, como casi todo el pueblo.
Todos están de acuerdo con ella, así que lo hacen.

Dos horas después, los tres jóvenes están vigilando en la tienda de campaña. Dos horas después están pasando un miedo terrible. Dos horas después, unas luces se encienden en la cabaña. Miguel, va lenta y sigilosamente en dirección a ella, y cuando llega se acerca a una rendija en la puerta. Oye pasos detrás de él pero la luz sigue encendida. Nota una brisilla ligera en su nuca. Se queda paralizado. No se atreve a mirar atrás. Y un susurro: -no se os ocurra decirle a la policía lo que habéis visto, o de lo contrario, os mataré a todos-. Cuando se da la vuelta, ya no hay nadie.
Entonces sus amigas le llaman, y vuelve a la tienda. Les habla de la amenaza. Está tan asustado, que ninguna cree que sea una de sus habituales bromas. Ellas dicen que, desde su posición, no han visto a nadie, dada la oscuridad que había. Los tres coinciden en que el delincuente buscaba algo en la casa de Julián, sino, no hubieran vuelto a su cabaña. ¿Pero qué?

-¿Y si hacemos caso a la voz y nos olvidamos de todo esto?- propone Sara.- Resolver casos como este es cosa de la policía. Nosotros no tenemos ni idea, y nos estamos jugando la vida.
-¡No!-exclama Miguel para la sorpresa de sus amigas.- Este pueblo siempre ha sido un lugar tranquilo, y no debe dejar de serlo. Hasta ahora, no hemos hecho nada por ayudar a nuestros vecinos, que siempre nos han tratado estupendamente. Esta es nuestra oportunidad para devolverles todo lo que han dado por nosotros.-y continúa, haciéndose el duro.- Yo no tengo miedo. Y sabemos más que la policía...
- No hace falta que digas más.-le interrumpe Eva.- Estoy de acuerdo contigo. Lo que está claro es que no debemos decirle nada a la policía ni tampoco al detective.
- Yo también os ayudaré.-dice Sara bastante insegura.- Pero en cuanto vea que nos estamos pasando de la raya, dejaremos de investigar.
- De acuerdo.-dice Eva.- Por cierto, el hombre que te amenazó no se habrá quedado espiándonos. ¿Verdad?
- No.- explica Miguel.- Creo que me ha visto tan asustado que ni se habrá molestado.
Todos se quedan pensando y se duermen.

Pero hay alguien que aún está despierto: en la oscuridad, a unos metros de su tienda, una sombra se mueve sigilosamente. ¿Estará Miguel equivocado en su última afirmación?

***
Son las nueve de la mañana. Pese a su palabra, el detective Ramírez no ha vuelto al pueblo. Los chicos llevan un rato buscando pistas por el páramo. Su teoría es, que, si todos los habitantes del pueblo estaban recogiendo leña la tarde anterior, los autores del secuestro o asesinato debieron ser forasteros. En ese caso, llegaron y se marcharon de  la casa del pastor en coche, cruzando el páramo, ya que si hubieran ido por la carretera los radares de la guardia civil lo hubieran detectado.
Además, se han dado cuenta de que hubo más de un colaborador, ya que la luz de la cabaña se apagó mientras Miguel oía aquel susurro amenazador a su espalda.

Sin embargo, no encuentran nada.
-Habrá que revisar nuestra hipótesis.- dice Eva, mirando con desánimo la quebrada extensión del páramo-. Hay un cenagal más abajo con una zona seca en medio. ¡Eh! ¿Qué es esto?
Están sobre un estrecho camino de ovejas y en medio de él, claramente señalada en el suelo húmedo, aparece la huella de un coche.
-¡Lo tenemos!- grita Sara.
-Son neumáticos ‘Palmer’, los reconozco perfectamente.- asegura Miguel, que está familiarizado con huellas que dejan los diferentes neumáticos.- Eso verifica nuestra teoría: en esta provincia no se venden ese tipo de neumáticos.
Las huellas se extienden a lo largo del páramo. Las siguen. En algunos tramos, desaparecen y vuelven a aparecer. Finalmente, llegan a un pueblo. En una esquina, ven un viejo coche verde.
Sus neumáticos son de la marca ‘Palmer’, efectivamente, por lo que se trata del vehículo de los delincuentes. Se acercan con mucho cuidado, pero ven que no hay nadie en su interior. El coche está aparcado al lado de un mesón, en cuyo letrero pone con letras grandes ‘EL GALLO DE PELEA’. Deciden actuar con rapidez. Si no resuelven el caso de prisa, los propietarios del coche se irán, y no tendrán opciones de encontrar al pastor.
Entran en el mesón. Allí se encuentran a un señor gordo y sucio que parece ser el dueño.
-Perdone señor, ¿ha visto usted al propietario de aquel coche?- dice Sara con educación, señalandolo a través de la ventana.
-Yo no he visto nada. ¿Habéis entendido?- contesta el hombre con mal humor.- Estoy harto de tener que atender a mocosos como vosotros. Comprad algo o marchaos a vuestras casas.
-Está bien, está bien.-dice Miguel sin atreverse a insistir.- Comeremos aquí.
Ese señor le da muy mala impresión. Está seguro de que sabe algo de los hombres que han secuestrado a Julián, pero no quiere precipitarse.

Cuando acaban de comer se van de la posada, rendidos. Descienden por las escaleras hasta el piso de abajo, donde se encuentra la salida. Pero entonces oyen unos gritos. Alguien está discutiendo en una de las habitaciones. Asombrados, se detienen para escuchar con atención.
-Este hombre no va a decirnos nada. Tenemos que matarlo.- dice un hombre.
-¡He dicho que no y punto! Para algo soy tu jefe. ¿Te enteras Mauro?- dice el segundo.
-Nos van a descubrir, yo me largo.- le contesta el primero, Mauro.
-Como me dejes solo aquí te juro que te...
-¿Me estás amenazando? De momento no me has dado el dinero que me prometiste. Te puedo delatar, y te pudres en la cárcel.
-¡Cállate, se trata de mi hermano! No hay de qué preocuparse. Es un pringado. Le haremos sufrir hasta que nos diga dónde está el dinero y después lo mataremos. Vete a hablar con él. Si no le sacas nada iré yo después, y entonces sí que me pondré duro.- dice el segundo hombre riendo.

Los jóvenes no pueden creerse lo que oyen. El pastor ha sido secuestrado por su propio hermano, que busca que le dé un dinero. ¿Pero no es pobre?
De repente, la puerta se abre y sale de ella un hombre alto y fuerte. Miguel, Sara y Eva tienen el tiempo justo para esconderse. El hombre avanza por el pasillo, y los chicos le siguen sin que se dé cuenta. Para junto a una puerta, la 11.
Los chicos esperan escondidos detrás de una columna del gran pasillo. Un cuarto de hora después, el hombre sale de allí, y vuelve a la habitación donde está su jefe.

Los muchachos saben ahora donde está Julián, el pastor, pero tienen que encontrar la manera de entrar en su habitación para liberarle. Entonces, una mujer pasa por el pasillo silbando alegremente. Es baja, delgada y parece tener unos sesenta años. En las manos lleva un cesto de ropa recién lavada. Los muchachos deducen por eso que es la posadera, la mujer del hombre que les atendió antes. No obstante, no se parece en nada a él.

-Buenas tardes mozos -les saluda con agradable voz.- Déjenme adivinar. ¡Ah, sí! Son ustedes los que vinieron ayer. Sí, sí, los de la habitación 11.
Eva, que piensa muy rápido y decide aprovecharse de la equivocación de la mujer.
-Sí, nosotros nos hospedamos en la 301 -miente.- pero tenemos un pequeño problema: hemos salido de la habitación y nos hemos dejado las llaves dentro. ¿Le importaría darnos una copia?
-En absoluto.-contesta la señora, sacándose del bolsillo unas llaves con el número 301.- Aquí las tienen, cuídenlas. Y haber si están más atentos... Bueno, yo tengo que seguir con mis tareas -se despide mientras desciende por las escaleras.
Sara abre la puerta y entran rápidamente, cerrándola tras de sí.
***
Julián está viviendo una pesadilla. En esa habitación tan oscura y vacía, atado por las muñecas y amordazado en una silla. No cree que en el pueblo nadie haya reparado en su ausencia. Desde que se despidió de su hermano hace más de veinte años, no ha vuelto a saber de él. Sabía que, durante los primeros años, Jesús le estaba buscando para quitarle su parte de la herencia, por eso fue a aquel perdido pueblo. Pero, con los años, se había ido olvidando de él. A pesar de lo que le está haciendo, le da pena, la avaricia y el dinero han acabado con todas sus virtudes. Recuerda su infancia, lo bien que se lo pasaba con él. Pero no va a ceder ante su chantaje. Antes prefiere morir. Se lo debe a su tía, a la que su hermano tanto hizo sufrir, a la que provocó la muerte. Además, no sabe dónde está ese dinero que tanto busca. Lo tiene apuntado en su cabaña, cuánto le extraña que no haya encontrado ese papel... Está inmerso en sus pensamientos, cuando el ruido de una llave lo sobresalta. Mauro, el ayudante de su hermano acaba de estar allí.
Pero no es Mauro quien entra, ni tampoco Jesús, sino unos chavales que se le hacen muy familiares. Al principio piensa que han sido secuestrados, al igual que él, pero después se da cuenta de que vienen solos. Parecen sorprendidos pero contentos al encontrarle. Le quitan la cinta aislante de la boca.
-¿Pe-pero, vosotros aquí? ¿Qué hacéis aquí?-pregunta.
-No hay tiempo. Ya te lo diremos.- dicen los tres mientras le sueltan las muñecas, que están atadas muy fuertemente.
Y tienen razón, no hay tiempo. Justo entonces, la puerta se vuelve a abrir y entra en ella un hombrecillo pequeño y calvo, con aspecto malvado, y algo más joven que Julián. Es Jesús.
También entra con él Mauro, su empleado. Los dos se quedan asombrados al ver al trío.
-Pero bueno, ¿qué tenemos aquí?-dice Jesús con una irónica carcajada.- ¿No os advertí ayer que no os entrometiérais? Pues habéis encontrado lo que buscabais.- sigue muy seriamente.- Mauro, átalos.

En pocos instantes, Mauro les coge y les amordaza, sin que puedan resistirse. Entonces, cuando ya lo tienen todo perdido, alguien llama a la puerta.
-¡POLICÍA! ¡Abran la puerta o la echaremos abajo! Hemos recibido órdenes de un juez para que sean arrestados.
Jesús, se da cuenta de que le han pillado, e intenta salir por la ventana. Pero pierde el equilibrio y se cae al suelo, desde una altura de cuatro metros. La policía entra entonces a la habitación, y arresta a Mauro. Mientras tanto, el detective Ramírez suelta a los chicos y al pastor. A este último le da una hoja con unos números y letras combinados:  43.563N 5.343E/103799
-Aquí tienes la clave de tu caja fuerte, amigo.-le dice.
También llega la ambulancia para atender a Jesús.

***
PERIODICO NACIONAL:
Ayer, cerca de las cinco de la tarde, fueron detenidos dos hombres en el mesón ‘el Gallo de Pelea’. Los detenidos, tenían a un hombre, Julián Callejón, el pastor de la merindad, secuestrado y amordazado en una habitación. Al parecer, el jefe de la trama, el acusado de cuádruple secuestro, allanamiento de morada, intento de robo, resistencia a la autoridad y uso de armas de fuego sin licencia Jesús Callejón, hermano de Julián, junto con su ayudante y amigo Mauro Olivares, había estado espiando a la víctima durante  meses. Esperaron el momento más adecuado para secuestrarle. Cruzaron un páramo cerca del pueblo donde vivía, Villar con, para no ser detectados por los radares de la policía. También dispararon doblemente en la casa de la víctima ante sus resistencias. La razón de este cometido era hacerse con una gran cantidad de dinero, dos millones de euros que el pastor guardaba de la herencia de su difunta tía. “Mi hermano antes no era así. Los dos nos criamos juntos con nuestra tía, al morir nuestros padres. Éramos ricos, pero la tía nos enseñó modales, y éramos unos niños buenos. Sin embargo, en la adolescencia, algo cambió en él (Jesús), empezó a centrarse en el dinero, robar a la familia, compraba sin mesura... Su relación con nuestra tía se alejó mucho. Él le daba muchos disgustos, y, quieras o no, eso afecta en la salud de uno, tanto, que, finalmente mi tía acabó muriendo. Él, por supuesto, recibió su parte de la herencia, al igual que yo, pero la derrocho y rápidamente se quedó con los bolsillos vacíos. Pero para entonces yo ya me había marchado, metí mi dinero en una caja fuerte y decidí vivir sin más riqueza que un humilde pastor. Creo que el dinero no me ha traído más que problemas. Sabía que mi hermano estaba buscándome, pero no creí que llegaría a eso” relató don Julián una vez en la comisaría.
Pero los héroes de esta historia fueron, más que la policía o el reconocido detective Emilio Ramírez, tres jóvenes de 17 años: Eva, Sara y Miguel, vecinos del pastor. Ellos investigaron todo el caso, pero lo que no sabían era que el señor Ramírez estaba tras sus pasos, para ayudarles en el momento en el que más lo necesitaban, cuando cayeron en manos de los delincuentes. “Es digna de admirar la inteligencia con la que han actuado, propia de un buen detective”, reconoció Ramírez. Los protagonistas se mostraron muy orgullosos y contentos, y se han puesto a disposición del detective para cuando los necesite.
Aunque el juicio contra Jesús Callejón y Mauro Olivares aún no se ha efectuado, ya que el primero está recuperándose de la rotura de las dos piernas, se espera una pena de 7 u 8 años de cárcel. También se está investigando al dueño del mesón como supuesto cómplice.

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